El turismo después del terremoto en Panamá: destinos cerrados, hoteles dañados y empleos en riesgo
A 17 días del terremoto del 9 de octubre, destinos como Isla Cañas, Playa Venao y El Valle de Antón enfrentan distintas consecuencias. Mientras algunas comunidades permanecen evacuadas y varios atractivos turísticos siguen cerrados, empresarios y comerciantes intentan recuperar sus actividades ante la proximidad de las fiestas patrias y la temporada alta.
El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre no solo dejó viviendas destruidas, carreteras dañadas y comunidades desplazadas. También alteró la actividad turística de varias regiones del interior del país, donde cientos de familias dependen de los visitantes para sostener pequeños negocios, restaurantes, hospedajes y servicios de transporte.
A 17 días de la emergencia, el panorama es desigual. Mientras algunos destinos comienzan a recuperar sus operaciones, otros enfrentan daños que impiden recibir turistas con normalidad. Es el caso de Isla Cañas, en Los Santos, cuyos habitantes tuvieron que abandonar la comunidad por razones de seguridad, y de varios atractivos naturales de El Valle de Antón, en Coclé, que permanecen cerrados.
La situación preocupa a los empresarios turísticos, especialmente porque se aproxima noviembre, uno de los períodos de mayor movimiento de visitantes nacionales, seguido de las celebraciones de fin de año y la temporada de verano de 2027.
Las cámaras de turismo de Pedasí, Mariato, Santa Catalina y Coclé se reunieron en Santiago de Veraguas para evaluar las pé

rdidas y coordinar medidas que permitan recuperar una actividad económica que también sostiene empleos en las comunidades rurales.
Rodrigo Báez, presidente de la Cámara de Turismo de Veraguas, describió el impacto que ha tenido la reducción de visitantes. "El impacto del terremoto ha sido muy fuerte en nuestras áreas y definitivamente la economía se ha visto afectada, ya que no se están generando los flujos de turistas y mucho menos el empleo", indicó Báez a un medio de la localidad.
Según el dirigente, aproximadamente el 95 % de los emprendimientos afectados identificados hasta ahora corresponde a micro y pequeñas empresas.
Uno de los casos más delicados es el de Isla Cañas, en el distrito de Tonosí, provincia de Los Santos, una comunidad conocida por su potencial para el turismo de naturaleza, el ecoturismo y las actividades vinculadas al entorno marino.
Antes del terremoto, la isla representaba una oportunidad para impulsar el turismo comunitario. Sin embargo, el movimiento sísmico, las inundaciones y los daños en los servicios básicos cambiaron las prioridades de sus habitantes, que ahora enfrentan la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares.
La comunidad, de unos 600 habitantes, fue evacuada después del sismo. Según relató Daniel Pérez, residente y promotor turístico, alrededor de 400 personas se encontraban en la isla cuando ocurrió el terremoto y lograron salir en aproximadamente 30 minutos.
Las afectaciones en las tuberías de agua potable, el cableado eléctrico y las condiciones de seguridad han impedido la permanencia nocturna de sus habitantes. En el reporte del 16 de octubre, los residentes únicamente tenían autorización para ingresar durante el día y atender sus propiedades y animales.
La situación mantiene interrumpidas las condiciones necesarias para desarrollar actividades turísticas habituales. Sin embargo, todavía no existe una determinación definitiva de que Isla Cañas haya perdido permanentemente su condición de destino turístico.
Ovidio Díaz, expresidente de la Cámara de Turismo de Panamá, advirtió que el terremoto afectó una comunidad con potencial para el desarrollo del ecoturismo y que su recuperación requerirá esfuerzos conjuntos entre las autoridades y los residentes.
En medio de las dificultades, Pérez resumió el sentimiento de sus habitantes con una frase: "Isla Cañas ahora está dividida en dos, pero más unida que nunca.

En El Valle de Antón, provincia de Coclé, el terremoto también ha dejado consecuencias económicas, aunque de características distintas.
Este destino de montaña, conocido por sus senderos, paisajes naturales, clima fresco y mercado de artesanías, continúa recibiendo visitantes. Sin embargo, las restricciones de acceso a algunos atractivos y el temor a nuevos deslizamientos han reducido la presencia de turistas.
Entre los sitios mencionados por los comerciantes como afectados por las restricciones se encuentran los senderos de la India Dormida y Cariguana, que permanecían deshabilitados para las caminatas, según un reporte del 22 de octubre.
Carmen Rodríguez, comerciante del mercado de artesanías, explicó cómo la ausencia de visitantes se refleja en sus ingresos.
“Venían bastante al Valle los fines de semana, pero este fin de semana ha estado bien lento”, relató. La comerciante considera que el cierre de los senderos influye directamente en la decisión de los turistas de viajar hacia la comunidad.
“Las personas vienen más que todo a hacer senderismo a la India Dormida, Cariguana y todo. Como ahorita están deshabilitados para poder subirlos, pues las personas no van a venir”, expresó.
Para otros vendedores, la situación es especialmente preocupante porque sus ingresos dependen de las ventas diarias.
“Es el trabajo y es nuestro ingreso. Y aquí no hay más nada”, manifestó Vicente Sánchez, quien comercializa artículos como bateas y hamacas.
A las restricciones se suma la desinformación sobre las condiciones de las carreteras. Los comerciantes han tenido que aclarar que la vía de acceso desde la carretera Interamericana permanece abierta, ante versiones que indican lo contrario.
Pese a este escenario, la Cámara de Turismo de Coclé ha señalado que buena parte de los establecimientos de hospedaje de El Valle continúa funcionando. Por tanto, las restricciones afectan determinados atractivos y no significan el cierre completo del destino.
Una recuperación que va más allá de los hoteles
El terremoto dejó al descubierto la relación que existe entre el turismo y la economía cotidiana de numerosas comunidades del interior.
Detrás de cada hospedaje afectado hay trabajadores, proveedores y pequeños comerciantes. En lugares como El Valle de Antón, la disminución de visitantes se traduce en menos ventas para los artesanos; en Pedasí, las cancelaciones repercuten en distintos negocios, mientras que en Isla Cañas la prioridad continúa siendo garantizar condiciones seguras para el retorno de sus habitantes.
La recuperación turística, por tanto, no dependerá únicamente de reconstruir hoteles y habilitar carreteras. También será necesario restablecer servicios básicos, evaluar los atractivos naturales, recuperar viviendas y devolver la confianza a los visitantes.
Con las fiestas patrias a pocos días de comenzar, el sector enfrenta el reto de reactivar los destinos que pueden operar sin restar atención a las comunidades donde la emergencia todavía condiciona la vida diaria.
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